viernes, 12 de octubre de 2012

La chicharra






Con compromiso



                  Me gustan los escritores comprometidos con la realidad social. Los que no se casan con el poder.  Renglones que laten juventud. Porque la buena literatura no envejece. La realidad tampoco. Voz encendida, sinceridad, estilo suelto del escritor que busca comunicarse, dardo encendido, hervidero de palabras en revolución, a través de sus madurados pensamientos. Relatos que hacen que el lector se siente, al fresco de su narración, a reflexionar sobre el propio vivir y ser. Si hay pesimismo hay que contarlo, desengaño, crítica agraz hacia el mundo que nos rodea, ya político, ya social. Por eso, para eso, están los escritores –filósofos- para ofrecer trochas meditadas, caminos con candil, cuchillos de beso. Cuentos que cuentan dudas existenciales, eterna duda unamuniana. Donde hay un cántaro de dudas, muy cerca está la libertad. Historias comprometidas. El pulso y el pálpito de quienes viven la interioridad social, rutinaria, diseñada por otros, suele ser el blanco, la diana de una mirada crítica y consecuente. Hacer sentir lo que hay y lo que se ignora. Lo que envidia el rico en el pobre, en una población mediatizada en la ignorancia, el dolor y la obediencia. Un diario de hechos, dolor, melancolía y reflejo;  con ironía y suavidad de lo sórdido. Los protagonistas observan, miran y dejan mirar. Relatos que tocan la fibra del lector. No es una bravuconada, sino el filtro que puede atenuar el atontamiento senil de una sociedad petrificada en la que los golfos (políticos y  sus correveidiles) campan  a sus anchas.
             Somos más de dos los que pensamos así.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA CHICHARRA




Él no está triste


“Yo no estoy triste”, éstas son las palabras que le oí decir el otro día a un político de cuyo nombre no quiero acordarme, emulando a la frase  que dijo Ronaldo: “Estoy triste”. Mi perro pachón tampoco está triste, por cierto, tira un aire al susodicho político.
Naturalmente que él, el perro no, el político,  no tiene motivos para estar triste. Desde el trono se ven las cosas de otra manera. Además la culpa de la situación actual la tenemos los ciudadanos de a pie. Al menos nosotros somos los paganinis. ¿Por qué iba él a estar triste? ¡Ah!, y lo que peor le ha parecido a La chicharra, es que todos los correveidiles que estaban a su alrededor  le rieron la gracia, a pesar de que tiene menos gracia que un chiste a medias.
Pero se ríen  porque ellos tampoco están tristes, naturalmente tienen los bolsillos bien saneados. La mayoría de estos correveidiles son politiquillos,  asesores (digo amigotes) de confianza y otros cargos nombrados a dedo. ¿Cómo no se van a reír de las palabras de su amo aunque éste sea un pan sin sal? ¿Qué prueba han tenido que superar éstos  para ejercer ese cargo?
Los políticos en general no tienen motivos para estar tristes, ya lo sabemos, pero que te lo refrieguen en la cara,  es lamentable. Pero como vivimos en una sociedad abotargada, nadie se molesta por nada. Igual que mi perro, dame pan y llámame tonto. A mí todo esto me hace la misma gracia que un tropezón descalzo.
Somos más de dos los que pensamos así.   


lunes, 3 de septiembre de 2012

La chicharra




CAZADORES  DELINCUENTES



                                                                                                                   



La caza es un deporte que genera mucho dinero, especialmente a las administraciones. Los cazadores pagan por cazar porque la caza es, en nuestro caso, de la Junta de Castilla y León. Pero es de ellos sólo para recaudar. Los daños que provocan esos animales deberían de costearlos la administración. En cambio, cuando esos animales se comen la cosecha de los agricultores, o provocan un accidente, la responsabilidad de esos siniestros es de los titulares del coto.
Los cazadores no piden que sea como en Finlandia, que indemnizan al coto de caza en caso de atropello de alguno de los animales, pero tampoco ven lógico que sea el coto el que tenga que hacerse cargo de todos los daños. Incluso tienen que pagar por animales (como por ejemplo el zorro o el jabalí) que no forman parte de lo que se caza en ese coto. ¿Qué culpa tiene  un cazador,  la mayoría de las comarcas son de caza menor, de que cruce la carretera un jabalí?
Además, a veces los cazadores son tratados como delincuentes. Cada nueva temporada van imponiendo normas más severas y la vigilancia es cada año más estricta. La Guardia Civil tiene orden de recorrer los caminos en busca de  cazadores, escopeteros y galgueros, como si éstos estuvieran cometiendo algún delito.  Control sí, pero no acoso.
Dicen desde la Junta que lo hacen para preservar la caza. Una muestra de la inutilidad de estas normas es que cada año la población de liebres, perdices y codornices en Castilla y León  va descendiendo. Pero lo importante es recaudar.
Somos más de dos los que pensamos así. 

La chicharra




Leer (y III)

Vamos a echarle un poco de imaginación a esto de la lectura. ¿Nunca ha oído la llamada de un libro? A partir de ahora cuando entre en ese gran palacio de las letras que es la biblioteca, o en el templo de las palabras, que es cualquier librería, preste mucha atención. Aunque sólo sea como un juego:
¿Nunca ha oído los gritos de los personajes de los libros? Yo sí. Ellos me conocen, saben mis preferencias, pero también saben que no discrimino a nadie, soy un lector sin escrúpulos y todos quieren contarme su historia. Voy caminando por entre las estanterías distraído  y si  de repente miro  para un libro,  no es casualidad, algo  ha llamado mi  atención, son ellos: los personajes de los libros que han decidido salir de los límites de las páginas. Sí, ellos me provocan, me llaman,  necesitan vivir sus historias conmigo.  Con los lectores.  Los libros perderían su energía  y quedarían reducidos a una simple hojarasca inerte si no los leyéramos. Me decido por uno.
Cuando tengo un libro en la mano, siempre sigo el mismo ritual: La portada, contraportada,  las solapillas. Después compruebo  el número de páginas. Leo la primera, paso varias hojas, leo unas líneas… Le doy la vuelta como a un diamante en bruto, sólo queda pulirlo, sólo queda leerlo.  Por fin llega el gran momento. Uno de los momentos más emocionantes, ese instante único que precede a la lectura. “La promesa de la lectura”, decía Italo Calvino.
Descartes dijo: “Pienso luego existo”. Yo digo: “Leo, luego existo”.
Somos más de dos los que pensamos así.

lunes, 6 de agosto de 2012

La chicharra




Leer (y II)





“Leer perjudica seriamente a la ignorancia”. Para evitar esa ignorancia, los libros, al igual que las bicicletas, también son para el verano. Leyendo vivimos muchas historias a la vez. Es evidente que leer  ayuda a adquirir conocimientos y a desarrollar la imaginación. Leer es aprender,  libertad, cultura. Más de uno estará pensando, voy a ser futbolista, no me hace falta leer. De la lectura, de la educación que te da la lectura también depende tu futuro.
 Dicen que  leer es volver a vivir. Yo digo que es vivir un millón de veces. ¿Cuántas vidas hay en cada libro? Muchas sin duda. Pero ojo, leer no tiene que ser una condena. Hay que leer por gusto, por puro placer. Pero en todo tiene que haber un aprendizaje. Al igual que a los ocho años no se puede jugar la Champion Ligue de fútbol, tampoco se puede obligar a ese mismo chico, como hacen en algunos colegios, a leer el Quijote. Porque lo lógico es que le cojan manía a la lectura.  
Leer es sin duda, una de las mejores formas de entretener el aburrimiento. Además, hay pocas cosas que den el placer de la lectura, ese  acto íntimo y silencioso de desflorar un libro. Ya lo dijo Borges: “la lectura es una forma de felicidad”. Todos los libros tienen algo interesante que contar, incluso aquellos que aún no han sido escritos. Siempre es un buen momento para leer: clásicos, novedades, libros que ya has leído, o ese otro que nunca has leído y siempre simulas  haber leído.
Somos más de dos los que pensamos así.

martes, 24 de julio de 2012

La chicharra




LEER


Leer es: observar, interpretar, comprender, valorar, elegir, transformar, crear…
Toda lectura es creación.
En un libro el escritor sólo escribe la mitad, la otra parte es el lector el que  crea.
Imagina y de alguna manera  escribe.
Leer también es  compartir. Leyendo participas, colaboras de una manera activa.
No estoy de acuerdo cuando alguien dice “yo soy un simple lector”. No,  no eres un simple lector. Eres un lector.  Tan importante como cualquier otro.
Eso sí, no hay dos lectores iguales. Afortunadamente.
Alguien dijo: 2  personas en un jardín. 2 jardines diferentes.
Dos lectores de un mismo libro. 2 libros diferentes. No todos los lectores lo interpretan de la misma manera.
Cada texto puede provocar un sentimiento diferente. Y eso es bueno.
Leer es vivir. Sentirse vivo.
Defiendo  la lectura como factoría de inteligencia.
Según un riguroso estudio elaborado por varios científicos y después de numerosas pruebas:
Cuando vemos la televisión sólo un 12% de nuestro cerebro está en funcionamiento. Cuando escuchamos música más de un 50%. Cuando leemos más de un  90%.
¿Y por qué?, se preguntará más de uno. Porque cuando leemos sólo podemos hacer eso. Necesitamos todos los sentidos.
La lectura es una actividad que conlleva el funcionamiento de varias partes del cerebro al mismo tiempo. Asimismo, se evocan imágenes relacionadas con lo que se está leyendo (paisajes, una montaña, el mar, un camino, una ciudad…), nos permite viajar con nuestra imaginación a otros mundos, a otras épocas.
A través de los personajes podemos sentir el dolor, la pasión, el poder,  la vergüenza…
Somos más de dos los que pensamos así.


martes, 10 de julio de 2012

La chicharra



                                                                    AL PAN PAN




                   Y al vino vino. Las cosas claras y el chocolate espeso. Así es como le gustan las cosas a La chicharra. Aunque parece que últimamente para decir algo damos, o mejor dicho, algunos dan demasiadas vueltas para expresar lo mismo. Y no es por meterme con los políticos, pero es que suelen ser ellos los primeros en iniciar este tipo de rodeos. Son los más hábiles a la hora de evitar ciertas palabras. Son los famosos eufemismos de los políticos.
              Los eufemismos suelen emplearse en el leguaje políticamente correcto, ese que tan poco me gusta a mí, para atenuar la gravedad de lo que realmente se está diciendo. Yo lo llamaría políticamente cínico. ¿Creen que este tipo de lenguaje puede cambiar nuestra realidad? El lenguaje fue creado para expresar la realidad.
              Estos son sólo algunos ejemplos: «Minorizar el sueldo» (rebajar). «Pausa lúdica interactiva» (recreo). «Conflicto armado” (guerra). “Recorte» (Tijeretazo). «Crecimiento negativo» (pérdida). «Ajuste económico» (Tijeretazo). «Regulación de empleo» (despidos masivos). «Interrupción voluntaria del embarazo» (aborto). «Un hombre de color» (negro). «Institución correccional» (Cárcel). «Racionalización del gasto público» (Tijeretazo en Educación, Sanidad…). «Limpieza étnica», (genocidio). «Refugiados vascos» (fugitivos). Se habla en los partidos de «distintas sensibilidades en el partido» y no de (confrontación, enfrentamiento o tendencias). 
            Estos son los «daños colaterales» de nuestros políticos para no expresar la auténtica realidad del momento. 
           Le siguen el juego los periodistas de partido, y los perezosos con ausencia de objetividad que se limitan a transcribir al pie de la letra el lenguaje de nuestros gobernantes. Eufemismos retorcidos que falsean la verdad. 
                        Somos más de dos los que pensamos así.